Había una manzana sobre la mesa mañana estaba podrida, agusanada, pasadomañana volví a mirarla menos brillo, quizá. No se ha movido. Nada sin mi mano se mueve en esta casa.
Ayer voy a comprar la manzana que debí comer mañana cuando todavía no había llegado a teñir su color. En los siete días próximos olvidé el tiempo que la vi junto a la estufa, quieta, antes que el olor me recordara que hoy mi casa no huele como ayer y que ayer, siempre olerá a manzana.